RegalosEducativos
← Todas las reseñas

0–12 años

La pelota de agujeros que cabe en una mano (y en mil juegos)

Oball — pelota de prensión · Bright Starts

Pelota Oball multicolor —rojo, amarillo, verde y azul— apoyada sobre una superficie de madera clara con fondo crema

Si tuviese que elegir un solo regalo para un recién nacido o para un bebé de pocos meses, este sería de los primeros que me vendrían a la cabeza. Es una de esas cosas tan simples que casi parece mentira que funcione tan bien.

Qué es

Una esfera hueca, hecha de un plástico flexible, con la superficie llena de agujeros y aros. Pesa muy poco, es blanda al tacto, no tiene esquinas, no tiene piezas rígidas y los colores —rojo, amarillo, verde, azul— están elegidos justo en el rango que más atrae la mirada de un bebé en los primeros meses.

Existen mil variantes. La nuestra, por ejemplo, llevaba dentro una segunda pelota más pequeña que hacía de sonajero, con una carita amarilla sonriente dibujada. He visto otras con el sonajero incorporado por fuera, pero a mí esa versión con la bolita dentro siempre me ha parecido la más bonita: la esfera de fuera sigue siendo totalmente flexible, sin nada rígido, y a la vez añade una capa más de juego cuando el bebé empieza a fijarse en que algo se mueve ahí dentro.

Cómo va creciendo el juego con el bebé

Lo bonito de este juguete es que no se queda atrás cuando el bebé avanza. Va dando juego en fases.

  • Primeras semanas. Es un objeto para mirar. Los papás lo mueven despacio delante del bebé, lo dejan en el suelo a su lado durante el rato de juego en suelo —que es, sin exagerar, una de las cosas más importantes que se pueden hacer en esta etapa— y el bebé empieza a seguir colores y movimiento.
  • Cuando aparece el agarre. Aquí es donde la magia se nota. Los agujeros están diseñados precisamente para que unos dedos torpes y pequeños puedan engancharse sin frustración. Verle por primera vez agarrarla, soltarla, volver a cogerla… es uno de esos momentos.
  • Más adelante. La lanza, la persigue, se la pasa de una mano a la otra, intenta sacar la bolita de dentro. Si la versión es la que lleva sonajero interior, se convierte en un pequeño puzle sensorial: el sonido y el movimiento dentro le hacen volver una y otra vez.

La historia que tenemos con ella

A nosotros nos regalaron otra pelota parecida, también muy chula, pero la Oball la conocimos en el fisio al que llevábamos a nuestra hija. Estaba allí, en la cesta del rincón, y ella la cogió como si la hubiese tenido siempre. Acabamos comprando una para casa esa misma semana.

Hoy todavía podría darle juego, aunque ya está en otra liga. De hecho, la hemos sacado del cajón hace poco para regalársela a una sobrinita que está a punto de nacer. Pocos juguetes pasan ese filtro: el de “esto me gustó tanto que quiero que también lo tengan los peques de la gente que quiero”.

Por qué creo que es un buen regalo

  • Es difícil que falle. A casi cualquier bebé le gusta.
  • No tiene electrónica, no tiene pilas, no hace ruidos invasivos.
  • Sobrevive prácticamente a todo: caídas, mordiscos, lavadora.
  • Cuesta poco. Es el típico detalle de visita al hospital que se agradece de verdad.

Y si vas a regalárselo a alguien, una sugerencia: acompáñalo de una mantita de juego o de un tapiz, y conviértelo en un kit de “esto va al suelo, a jugar tirado, que es donde más se aprende”. Casi cualquier familia primeriza lo agradecerá.